Wolfenstein Youngblood

7.2 Nota General
Audiovisual: 8/10
Jugabilidad: 7/10
Diversión: 7/10

Gráficamente puntero | La jugabilidad de Wolfenstein adaptada al mundo abierto | El ritmo, diseño de niveles, armas y mejoras, cooperativo…

La trama principal es poco interesante y dura un suspiro | Las misiones secundarias son muy repetitivas, faltas de carisma y nada relevantes

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Título: Wolfenstein Youngblood

Desarrolladora(s): MachineGames

Editor(es): Bethesda Softworks

Plataforma(s): Xbox One (versión analizada Xbox One X), PS4, Switch y PC

Género(s): Acción

Lanzamiento: 26 de Julio de 2019

Idioma: Textos: Español, Voces: Español

Hablar de Wolfenstein es hablar de una de las franquicias más longevas y una de las más influyentes de todos los tiempos, no solo por haber hecho popular la idea de matar nazis con teclado y ratón, sino más bien por ser precursora y al mismo tiempo raíz de origen de todo un género que se convertiría en uno de los más populares de la industria del videojuego. Cuando en 1992 el inolvidable trío formado por Tom Hall, John Romero y John Carmack crearon Wolfenstein 3D en id Sofware supuso toda una revolución, se trataba de uno de los primeros videojuegos capaces de crear una sensación de 3D en una perspectiva en primera persona, es decir, que sin Wolfenstein no hubiera existido posteriormente Doom o Quake y ni mucho menos tendríamos hoy en día un estilo de videojuego que mueve millones de personas. El éxito y la repercusión de Wolfenstein 3D hizo que el título fuera llevado a múltiples plataformas, tras su paso por PC, era cuestión de tiempo que llegara también a sistemas como Atari Jaguar, SNES o Gameboy Advance.

De todas formas, haber sido el padre del resto de proyectos de id Software no evitó que Wolfenstein quedara en un segundo plano respecto a estas, y es que la saga estuvo mucho tiempo en letargo hasta que Return to Castle Wolfenstein vio la luz. Este título desarrollado por Gray Matter Interactive en colaboración con Nerver Software e id Software se trataba de un videojuego nuevamente de acción en primera persona, con ideas más modernas que las de principios de los noventa, pero mezclado con toques de survival horror gracias a nazis más tecnológicos y sobrenaturales a los que eliminar. Con Activision como editora de Wolfenstein, la compañía aprovechó para lanzar nuevas entregas que cosecharon mala acogida por parte de los fans, mientras Return to Castle Wolfenstein convenció en términos generales a nuevos y viejos seguidores de la IP, el trabajo multijugador de Splash Damage con Wolfenstein Enemy Territory pasó sin pena ni gloria. La propuesta de un estudio notable como Raven Software con su “reinicio” llamado Wolfenstein (2009) para PC, PlayStation 3 y Xbox 360 no terminó de cuajar del todo ni de ser un éxito comercial que justificara una segunda parte, estábamos ante un Wolfenstein que apostaba mucho más por la vertiente sobrenatural del mundo de B.J. Blazcowicz con ocultismo y viajes interdimensionales en una jugabilidad directa bajo escenarios semi-abiertos que exploraríamos dentro de una línea argumental cerrada.

Llegados a este punto la franquicia Wolfenstein estaba prácticamente fuera de combate, con pocas probabilidades de volver a la vida, pero esto cambió cuando Zenimax Media adquirió id Software. Al comprar el estudio en el que ya solo quedaba John Carmack, la compañía madre de Bethesda se llevó consigo la desarrolladora y todas sus licencias propias (Doom, Quake, RAGE…), con lo que era cuestión de tiempo que pusieran en marcha la maquinaria para traernos nuevas entregas de cada una de ellas ya sea mediante reinicios, secuelas o remasterizaciones/remakes. Y como ocurrió hace dos décadas, Wolfenstein fue la primera en ver la luz con Wolfenstein: The New Order, todo ello de la mano de un estudio nobel como MachineGames (formado por ex empleados de Starbreeze, creadores de The Darkness), capaz de entender la acción desenfadada y profunda, violencia extrema y un componente narrativo sin precedentes en la serie. A pesar de que MachineGames se había inspirado en el trabajo realizado por id Software, el estudio sueco consiguió impregnar un estilo propio que funciona de fábula en Wolfenstein: un diseño lineal con niveles con recovecos que no privara al jugador de matar cientos de enemigos con un épico arsenal, una trama interesante con personajes carismáticos y modernidades del género como el uso del sigilo. La acogida fue fantástica cuando se puso a la venta en 2014 aprovechando la llegada de consolas de nueva generación y tan solo un año después, tuvimos Wolfenstein: The Old Blood, una entrega independiente muy inspirada en Return to Castle Wolfenstein y que suponía la llegada de lo sobrenatural gracias a los zombis en una precuela del universo que había concebido Bethesda.

Con este espectacular regreso de Wolfenstein solo quedaba continuar, por lo que Bethesda no se lo pensó dos veces al volverle a encargar a MachineGames el desarrollo de su secuela, Wolfenstein II: The New Colossus. El título fue una de las piedras angulares de la campaña navideña de Bethesda durante el 2017, un año en el que la compañía apostó fuertemente por las experiencias offline para un solo jugador, y aunque los resultados económicos no acompañaran, no hay duda de que la continuación de las aventuras de William «B.J.» Blazkowicz supieron dar a los fans todo lo que buscaban: más y mejor. Después de otro sensacional shooter en primera persona que potenciaba todos los factores vistos en The New Order con un acabado técnico de aupa, llegaba el momento de pensar lo que vendría después, y estaba claro que la editora tenía un plan en mente con Wolfenstein. Por un lado, combinar lo mejor del modo un jugador con esa jugabilidad que habían logrado en las tres entregas anteriores, y por el otro, proporcionarle horas de rejugabilidad y componente online, así que de esta mezcla surgió el videojuego que nos ocupa hoy: Wolfenstein Youngblood.

«Le has quitado la libertad al pueblo estadounidense, estás jugando con fuego. ¡Y voy a echarte un poco de gasolina!»

¿Qué se cuece en Wolfenstein Youngblood? Esta entrega tiene lugar casi dos décadas después de los acontecimientos y el final que vimos en Wolfenstein II: The New Colossus, y es que a pesar de los esfuerzos de nuestro anterior protagonista B.J. Blazkowicz como “héroe”, el Reich alemán sigue más vivo que nunca y se han hecho con el control de prácticamente todo el mundo tras la victoria a favor de los nazis en la Segunda Revolución Americana. Bajo este paradigma opresor por el nazismo, la familia Blazkowicz intenta llevar una vida normal fuera de los límites de la ley y con nuevas identidades, pero todo se tuerce cuando Terror Billy es capturado por el emergente Cuarto Reich, lo que da lugar a una misión de rescate a la que sus descendientes no podrían negarse. A raíz de un par de vídeos introductorios que nos presentan la trama y al dúo femenino protagonista, vemos que Jessica y Sophia poseen todo el carácter, valentía y nulo rechazo a la violencia que tanto caracterizaban a su padre junto a una clave de humor que les dota de mayor personalidad a estas aguerridas heroínas. Por lo tanto, como no podía ser de otra manera, en Wolfenstein Youngblood nos tocará recorrer un buen puñado de escenarios en Neu-París con una jugabilidad bastante similar a los que hemos ido viendo en la franquicia a lo largo de esta generación, pero con notorios cambios, y es que en este coctel cooperativo no ha estado sola MachineGames, sino que ha colaborado codo con codo la desarrolladora Arkane Studios, responsables de Dishonored.

En el plano puramente jugable, Wolfenstein Youngblood apenas ofrece cambios muy destacables, en lo que se refiere al control o al gunplay nos encontramos ante un título estrictamente continuista a lo visto en Wolfenstein II: The New Colossus. Desde el manejo de las armas, peso, movimiento y velocidad, uso del sigilo para avanzar (con coroneles que activarán las alarmas) … e incluso aspectos que presentaba dicha secuela como la armadura con habilidades especiales, todos y cada uno de ellos, vuelven a estar presentes en esta nueva entrega. Esto supone un arma de doble filo, aunque hablemos de un apartado jugable casi perfecto que a todos aquellos fans de las obras anteriores de MachineGames no les va a desencantar, las novedades son más bien escasas y todo lo nuevo es fruto de la colaboración con el otro de los estudios estrella de Bethesda. Así que por un lado la jugabilidad de Youngblood se definiría en que tenemos una experiencia cooperativa con la acción, sigilo y control de Wolfenstein mezclado con el diseño de escenarios y la progresión más similar a lo visto en Dishonored. Dado que pegar tiros en Wolfenstein Youngblood sigue siendo tan maravilloso como nos tiene acostumbrados MachineGames, vamos a centrarnos en lo que ha aportado Arkane Studios al universo de B.J. Blazkowicz, que ha sido más de lo que cabría esperar en un primer momento.

El estudio responsable de las aventuras de Corvo Attano se ha caracterizado siempre por un diseño de niveles sensacional pero esta vez han pegado un pequeño giro de tuerca a su fórmula de entornos semi-abiertos, muy verticales, subzonas dentro de un área principal, varias maneras de afrontar los enfrentamientos y la opción de volver atrás a lo Metroid Prime para acceder a un lugar que antes nos era inaccesible. Esto, tal cual y con todas sus increíbles virtudes, está en Wolfenstein Youngblood. Cuando completamos la primera misión del título que sirve de tutorial para nuevos jugadores se nos trasladará a nuestra base de operaciones, un lugar donde podremos reponer munición, jugar al mítico Wolfenstein 3D en la máquina recreativa, aceptar desafíos diarios o semanales y, lo más novedoso, coger misiones secundarias. Estas misiones secundarias hacen que Wolfenstein Youngblood tenga un planteamiento casi de videojuego de mundo abierto, decimos casi porque sus escenarios no llegan a lo que estamos acostumbrados de propuestas como Far Cry en cuanto a densidad, pero sí en lo que a sensaciones, exploración o dedicación se refiere. La idea es original y, para qué negarlo, no se adapta mal a la jugabilidad directa y frenética de MachineGames a la hora de pegar tiros, sin embargo, todo se ve diluido cuando llevamos unas cuantas horas en la piel de las hijas de Terror Billy y vemos que hay puntos donde la experiencia no se sostiene como nos hubiera gustado.

La diferencia entre Dishonored y Wolfenstein Youngblood es que el primero jamás daba la sensación de relleno, por lo que las misiones secundarias estaban directamente integradas con la trama, en este título eso no ocurre y en la mayoría de las ocasiones estas tareas que nos encomiendan en las Catacumbas de Neu-Paris son una simple excusa para alargar la duración del videojuego y matar a todo lo que se nos ponga por delante. Si bien no son caóticas o molestas de hacer porque Wolfenstein es divertidísimo, muchas veces nos tendremos que salir de la ruta de las misiones principales para completarlas, por lo que al final son muy opcionales y nada relevantes para la trama ni tampoco para llegar a crear subtramas que exploren otros personajes de su universo. Por suerte, una vez las hayamos aceptado siempre nos marcarán el lugar al que tenemos que hacer viaje rápido (rutas de metro) y allí se nos indicarán los objetivos a cumplir, haciendo que sea tan directo como es Wolfenstein y no tareas rompecabezas propias de Deus Ex. Su problema viene al cabo de unas horas, dado que el entorno no es tan amplio como parece si venimos de lo que hace Ubisoft, y son tantas las misiones presentes, enseguida nos damos cuenta que estamos recorriendo una y otra vez las mismas zonas. Por lo que, para aligerar y hacerlo todavía más dinámico, habría ayudado que dada la complejidad del diseño de niveles dentro de su limitado tamaño se hubiera incorporado algún tipo de mapa ampliado que nos diga donde estamos o donde nos va a dejar con mayor exactitud el viaje rápido, puesto que más allá del mini mapa que nos indique la proximidad de los enemigos y los metros a los que estamos de la misión activa, no hay nada que oriente al jugador.

En lo que se refiere al otro gran añadido de Wolfenstein Youngblood, tiene que ver con el progreso rolero, un elemento que por momentos puede recordar más a lo visto en Borderlands que a cualquier otro shooter que nos podamos imaginar. Curioso que cada vez más juegos de acción en primera persona estén adoptando el planteamiento de mundo abierto con toques rol, y Wolfenstein en plena era de emerger los juegos densos y servicio no quería quedarse atrás, abordar esto es complicado, pero no ha salido tan mal parado. Es verdad que ver un número con el nivel encima de los nazis no es algo que los fans de Wolfenstein van a aplaudir en un primer momento, pero Youngblood no nos obligará a farmear ni a mejorar a nuestro personaje al tope para completar la aventura o el resto de misiones, por lo que Bethesda se ha encargado de que ambos estudios implementen estas mecánicas sin perder lo que sigue siendo Wolfenstein. Por lo que toda la cuestión de progreso que se refiere a mejorar el personaje con nuevas habilidades, cambiarle el aspecto, conseguir y mejorar las armas entre tres ramas van a quedar a elección de aquel jugador que quiera sacarle todo el jugo o número de horas posibles. Las habilidades del personaje se desbloquean con puntos de habilidad que conseguimos al subir de nivel mientras que las armas se mejoran con monedas que obtenemos completando misiones, simplemente registrando los cadáveres enemigos o completando los desafíos temporales. Esto añade un componente moderno dentro de un shooter de acción más clásico que, si eres de los que te gusta volver a empezarte los videojuegos hasta tener a tu personaje al tope, te picas con los retos o quieres unirte a la partida de tu amigo para fardar en cosas más superficiales como la apariencia, Wolfenstein Youngblood te lo permite.

Lo que nos lleva a comentar su otro punto destacable y una de las principales razones por las que se ha promocionado Wolfenstein Youngblood, su cooperativo. Porque todo lo que os hemos ido mencionando no lo haremos solo, sino que estaremos siempre y en todo momento acompañados por la hermana Blazcowicz que no hayamos escogido, bien sea por parte de la IA o de un amigo. La IA, dicho sea de paso, es nefasta a todos los niveles, por lo que os avisamos que responderá solo a patrones muy concretos y no actuará como nos gustaría en momentos de conflicto o cuando estemos planeando alguna estrategia para acabar con alguno de los pocos jefes finales que nos desafiarán. De lo contrario, jugar a Wolfenstein con un amigo suma enteros y hace que Youngblood sea a todas luces una experiencia más divertida, por lo que si bien el cooperativo implementado es bastante escueto (con habilidades desbloqueables como curar a distancia, subir la vida máxima…) en lo que a mecánicas se refiere, con ascensores o puertas de gran envergadura donde será necesario colaborar juntos y poco más, no hay duda de que la diversión se multiplica. Por otro lado, el videojuego no presenta autonivel, por lo que, si estamos más avanzados que nuestro amigo veremos los enemigos al mismo nivel que el de su partida, algo que afortunadamente no rompe el juego ni hace que se desentone la relación entre el anfitrión o el invitado, pero sí es verdad que hace que sea más sencillo avanzar y reduce las recompensas de aquel que vaya varias horas por delante. Sabiendo esto cabe mencionar que estamos ante un título que ronda las 6-8 horas para completar la trama principal y hasta las 25-30 horas si queremos hacernos con el 100% del progreso, convirtiéndolo en el Wolfenstein más largo hasta la fecha, con varios niveles de dificultad a escoger que suponen todo un reto para aquellos que lo busquen como ya sucedió con las entregas anteriores de MachineGames.

«¿Cómo sabes que no soy un Nazi?»

Pasando a la parte audiovisual, nos encontramos ante un producto del más alto nivel dentro de Bethesda, un AAA con todas las letras que vuelve a poner a la franquicia Wolfenstein como un referente técnico y sonoro. El plano visual roza el sobresaliente, una calificación que no alcanza por el mero hecho de que estamos ante casi el mismo id Tech 6 que vimos en Wolfenstein II: The New Colossus, pero no por ello menos impactante en Youngblood, ya que el videojuego sigue poniendo una calidad de modelados, partículas, efectos y a una fluidez tan impactante que solo ha sido capaz de igualar id Software con su Doom. No hay duda de que MachineGames ha ido mejorando mucho el motor gráfico en su serie Wolfenstein entrega tras entrega, y el paso al mundo abierto de Youngblood no supone un recorte en este sentido ni muchísimo menos, ya que a pesar de los breves pero numerosos tiempos de carga, estamos ante uno de los shooter en primera persona más visualmente impresionantes en todas las plataformas. La versión analizada corresponde a Xbox One X, una máquina donde el estudio sueco hizo un sensacional trabajo en la secuela de las aventuras de B.J. Blazcowicz, sacando todo el jugo al sistema de Microsoft al igual que en el resto de hardware, con los 60 fotogramas por segundo como piedra angular y una resolución que varía en función de las posibilidades. Este caso no ha sido diferente, y Youngblood aprovecha muy bien todos los lugares en los que ha sido lanzado, por lo que en la versión de la videoconsola más potente de Microsoft, nos encontramos con la opción de activar la resolución dinámica o no, pudiendo escoger de esta manera entre bajar la resolución en momentos puntuales para mantener los 60fps o reducir los fps a cambio del 4K. Como decimos, juguéis donde juguéis a Wolfenstein Youngblood, disfrutareis de una experiencia visualmente fuera de serie y uno de los techos gráficos en su género hasta la fecha.

Para terminar, está el apartado sonoro, no tan impactante como el visual pero muy a la altura de lo que cabe esperar de una producción de este calibre. Como viene siendo habitual con Bethesda el título nos ha llegado totalmente en castellano, con un doblaje que podría no ser el más cinematográfico al que nos ha acostumbrado Sony Interactive Entertainment, pero solvente de sobra para la historia que se nos quiere contar. Los efectos de sonido y la ambientación están muy bien conseguidos, con coleccionables y temas de la época pasados por el filtro de la invasión Nazi, un “what if…” («qué pasaría…») que siempre ha estado presente en Wolfenstein y que pone de manifiesto el mimo del estudio a la hora de cuidar aspectos no tan perceptibles entre tanto disparo. Finalmente está la banda sonora, con alguno que otro tema destacable y muy cañera dada la acción puesta en pantalla, un trabajo notable que corre a cargo de Martin Stig Andersen, quien ya trabajó en Wolfenstein II: The New Colossus o en los inolvidables Limbo e Inside.

«V…A…L…H…A…L…L…A»

Las conclusiones son claras, Wolfenstein Youngblood es un shooter en primera persona muy bueno, que sigue la estela de la franquicia de MachineGames pero combinándola con la sabiduría de Arkane Studios, un híbrido que francamente podría haber salido con aspectos muchísimo peores de los que nos hemos encontrado. Los fans de la franquicia se sentirán en la zona de confort gracias a un gunplay que empieza a ser único y que devuelve ese sabor nostálgico que tan pocos shooter en primera persona se atreven a rescatar, un videojuego donde el frenetismo, disparar y saber utilizar nuestro arsenal suponen la diferencia entre cazar o ser cazado. La parte visual sigue tan fuerte como en Wolfenstein II: The New Colossus, además, el choque con el mundo abierto a lo Dishonored no hace tampoco que su jugabilidad se resienta, sino que sea igual de sólida y se apoye en un buen ritmo ritmo, un diseño de niveles cuidado y un cooperativo ameno que demuestran un trabajo convincente de Bethesda. Respecto a su ambientación, sigue tan fantástica como siempre, y esta vez no pierde ocasión de hacer múltiples referencias a unos distópicos años ochenta dominados por el Reich.

Por la parte más amarga, nos encontramos con que si bien es un título que ha salido a precio reducido (29,99€) y que es más bien un spin off que deja pinceladas de hacia dónde podría dirigirse la saga Wolfenstein en un futuro, da la sensación de que algunas decisiones suponen más un paso atrás que hacia delante. En primer lugar, la trama principal, con unas protagonistas interesantes que no tienen un desarrollo tan potente como nos gustaría, sumado a un argumento que, si bien en los anteriores Wolfenstein no era nada de otro jueves, sí presentaba situaciones memorables con giros argumentales. Pero lo peor sin duda son las misiones secundarias, con un diseño muy plano y repetitivo que alargan la duración del videojuego solamente para aquellos que quieran amortizar la compra con horas de juego que por momentos dan una sensación de vacío y nos hacen recorrer el entorno una y otra vez con el único objetivo de farmear monedas. Esto sumado a decisiones cuestionables como un “buddy pass” que permite invitar a cualquier jugador que no tenga el videojuego a jugarlo en cooperativo, a lo A Way Out, se quede en realidad limitado a los compradores de la Deluxe Edition. O por supuesto los polémicos micropagos, cada vez más presentes en propuestas no competitivos y que, si bien Bethesda promete ir modificando y añadiendo novedades a Wolfenstein Youngblood en futuros parches, no deja de ensuciar la sensación global de un videojuego que podría ser brutal.

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Autor: Eplekfo Ver todos los post de
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