La que es la tercera gran franquicia de Blizzard, junto con Starcraft y Warcraft, tiene bastante que decir entre los usuarios de teclado y ratón próximamente. Sin embargo, Diablo no nació de la nada, de hecho, su creación viene de bastante atrás. Por eso vamos a repasar cómo y cuándo se creó este mundo de brujería, magia y terror.
Conociendo Diablo
Como proyecto o como idea, Diablo no empezó dentro de los estudios de Blizzard, sino que fue Condor Games (fundada por los hermanos Schaefer y David Brevik), los máximos responsables del proceso creativo. Este estudio independiente acabó siendo adquirido por Blizzard tan sólo seis meses antes del lanzamiento del primer Diablo, es decir, se podría decir, que en cierto sentido, la saga Diablo no fue creada al completo por Blizzard. Sea como fuere, Condor Games fue comprada por Blizzard Entertainment y se unió a la desarrolladora norteamericana bajo el sobrenombre de “Blizzard North”. Fue entonces cuando este estudio que años después acabó siendo “desmantelado”, lanzó su primer proyecto, en Diciembre de 1996, el conocido como Diablo.

La acogida por parte de la crítica, los usuarios y el mercado fue tremenda. Elementos como las cinemáticas, una banda sonora y doblajes cuidados, una ambientación terrorífica y oscura o una jugabilidad muy depurada de Action-RPG hicieron las delicias de quienes querían probar algo diferente, aparte de por supuesto combinar elementos poco vistos hasta la fecha en la industria de los videojuegos. El hecho de ir progresando tu personaje con experiencia, diferentes objetos y/o habilidades consiguieron crear una comunidad de jugadores sin precedentes. Un selecto grupo de fans que fue creciendo con el paso del tiempo; ya que este producto tenía muchas cosas a destacar, entre ellas interesante premisa argumental que se planteaba. A pesar de que dónde más destacaba era su ambientación y trasfondo, Diablo comenzó narrándonos un mundo fantástico en el cual “La Luz” y “La Oscuridad” se enfrentan por hacerse con el control de toda la creación antes de la llegada del “Armageddon”. Los arcángeles y los ángeles (¿os suena Tyreal?) luchan para decidir el destino del mundo contra los tres demonios; Diablo (señor del terror), Baal (señor de la destrucción) y Mefisto (señor del odio). Es ahí donde “nosotros” (nuestro personaje creado, vaya) juegamos un papel muy importante al decantar la balanza del lado del bien. Tiempo después, Diablo se porteó a Playstation sin una acogida “muy allá”, y también recibió una expansión -Hellfire- que no corrió a cargo de Blizzard, pero que servía un poco de añadir más horas de juego a las ya existentes en el propio juego.

Hubo que esperar casi cuatro años, hasta el año 2000, el que fue sin duda uno de los grandes pelotazos de Blizzard en su historia, Diablo II. Esta secuela no sólo superó al original en muchos aspectos (más variado, más clases a escoger, más largo, mejor online) sino que consiguió llevar la saga al estrellato, convirtiéndose en uno de los buques insignia del sector PCero y de la industria del videojuego en general. Es cierto que era continuista en lo que al apartado jugable se refiere, algo que algunos medios le penalizaron, pero no importó lo más mínimo de cara a los jugadores, quienes lo elevaron a una categoría al alcance de pocos videojuegos (sin exagerar, Diablo II era y es uno de los títulos más vendidos de todos los tiempos). La sencillez y el control tan directo que ofrecía con el ratón fueron las grandes claves del éxito del juego. El Action-RPG de perspectiva isométrica no ofrecía la profundidad a nivel de Rol que tenía, por ejemplo, el Baldur’s Gate de BioWare, pero sinceramente, tampoco lo pretendía. Un control accesible, un diseño de enemigos/niveles espectacular y un nivel gráfico muy cuidado para la época, eran, desde luego, los pilares de esta saga desde el principio. Para muchos –entre los que me incluyo- se convirtió en una auténtica adicción (o droga) a la que dedicarle horas y horas a pesar de lo repetitivo que podría volverse, no importaba, tu sólo querías seguir divirtiéndote cómo “dungeon crawl” que se pensó.
En el año 2001, Blizzard lanzó al mercado Diablo II: Lord of Destruction, una expansión que requería del Diablo II original a la vez que ofrecía un nuevo acto, dos clases nuevas (Druida y Asesina) y un buen puñado de novedades (runas, joyas, segundo armamento…). A nivel jugable era exactamente la misma base de Diablo II, pero con novedades que muchos usuarios vieron indispensables para completar la experiencia. De hecho, Lords of Destruction se adaptaba como un guante al propio Diablo II, tanto a nivel argumental como lo que suponían las nuevas clases o los añadidos. Blizzard modificó y mejoró con esta expansión algo que muchos decían ser inmejorable.

Tras esto llegaron los “clones”, y es que si una fórmula funciona es muy lógico que otras compañías quieran sumarse al carro e intentar comer terreno a un producto que está cautivando a tantos jugadores. Es algo que estamos viendo recientemente con Call of Duty, donde salen “fpeses” de debajo de las piedras, en su momento, ocurrió algo parecido con los Action-RPG por culpa del éxito de Diablo. No había duda de que títulos como –ejemplificando un poco- Sacred o Titan Quest tenían muchas cosas en común con Diablo, sin embargo, aún con sus virtudes y sus defectos, lo que es incuestionable es que ninguno de ellos consiguió destacar ni tener la repercusión que tuvo la obra de Blizzard.
Después de esto, la saga estuvo en un segundo plano por parte de Blizzard, no así por sus fans, quienes esperaban con ansía un nuevo Diablo acorde con lo que se espera de los tiempos que corren. Pero fueron ni más ni menos que siete años los que se hizo de rogar el anuncio, el 28 de Junio del 2008, en París, Blizzard tuvo una sorpresa para todos sus fans. La compañía oficializó mediante dos vídeos (uno CGI y otro in-game) un juego en el que llevaban trabajando desde hace varios años, Diablo III. De todos es sabido la tardanza que tienen todos los proyectos de Blizzard a la hora de salir al mercado, pero lo de Diablo III fue excesivo. Sin ir más lejos, la propia Blizzard afirmó hace meses que se arrepentían mucho de haber anunciado la tercera entrega de la serie tan pronto, desgraciadamente, ya nada se puede hacer para evitarlo. Y es que durante el proceso creativo de Diablo III hubo dos grandes baches, la fusión con Activision y World of Warcraft, ambos temas tenían en jaque a la desarrolladora americana, quien se vio obligada a dar prioridad a Starcraft II: Wings of Liberty.

Por suerte se acabó todo tipo de dudas en cuanto al lanzamiento del juego, y es que hace escasos días Blizzard dio el punto final a dicha incertidumbre. El juego saldrá a la venta en los sistemas PC/iMac a principios del 2012, quedando todavía en el aire el mes-día en concreto, pero ya sabiendo que lo tendremos entre Enero y Marzo. Sin embargo, queda una cosa más por resolver, y es la versión consolas. Blizzard ha confirmado en una entrevista que tienen a un equipo trabajando en la versión consolas, la cual catalogan de “impresionante”. Desde luego, viendo sus precedentes era lógico pensar que este “porteo” podría realizarse; la a priori sencillez del HUD y viendo que no son pocos los Action-RPG que se adaptaron al pad con cierta solvencia en la presente generación de sistemas de sobremesa, dejaban patente que la posibilidad estaba ahí. Pero Blizzard ha rechazado por ahora hacer ningún anuncio oficial, limitándose a pedir calma a los ansiosos jugadores que quieren echarle el guante al juego en Playstation 3 o Xbox 360.
Llegados a este punto ya os hemos introducido o recordado (según el caso de quien nos esté leyendo) todo lo que ha rodeado a esta IP a lo largo de los años. No es poco el tiempo que ha estado en rodaje, y para muchos jugadores nunca ha “muerto” o “desaparecido”, siempre presente ese acceso directo en el escritorio para jugar con los amigos en Battle.net. Lo preocupante ahora es otra, ¿qué puede ofrecernos Blizzard con Diablo III que no hayamos visto ya?, ¿cuáles son las claves?, ¿merece la pena seguir esperando?, en la página siguiente, todas las respuestas.
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