De la mano de Southend Interactive, un pequeño estudio sueco responsable entre otros trabajos del remake de Lode Runner, nos llega ahora Ilomilo, un título que, siendo directos, se trata de una nueva delicatessen en formato digital que se suma a la enorme lista de títulos a tener en cuenta aparecidos en estas plataformas a lo largo de los últimos años. Y empezamos el análisis así de directos porque Ilomilo lo es, es un juego que entra por los ojos en un primer vistazo gracias a su encantador diseño, pero también es capaz de cautivar por completo al jugador nada más ponerse a los mandos de su irresistible mecánica.

Ilomilo es en esencia un juego de puzzle, en el sentido más clásico, pero ensamblado en una dinámica plataformera que le sienta de maravilla. El desarrollo, el transcurso entre una fase y otra, está aderezado con un guión simple y de infantil encanto que seguramente os despertará sutiles remembranzas con sabor a 8 bits, y todo ello viene presentado con un envoltorio gráfico y sonoro absolutamente encantador. Pero antes de seguir desgranando las partes que componen este delicioso rompecabezas, nunca mejor dicho, conviene presentar como es debido a los dos pequeños protagonistas de esta mágica aventura dimensional, que aunque tímidos, seguro que están deseando conoceros.
Ilo & Milo

Había una vez dos amigos, uno rojo y otro azul, que vivían en cada parte del parque. El nombre del amigo rojo era Ilo, y el amigo azul se llamaba Milo. Cada mañana se encontraban junto a un árbol que había en medio del parque para beber té de manzana y saborear galletas de hojas de arce. Por las noches volvían a casa, para volver a reunirse al día siguiente. Pero encontrarse por las mañanas era más difícil de lo que parecía, porque al parecer cada día alguien volvía a organizar el parque con todas sus calles y árboles. O a lo mejor era la memoria de Ilo y Milo, que no era muy buena. De todos modos, como es lógico, esto dificultaba la amistad entre ambos. Una mañana Ilo y Milo se sentaron en el árbol del medio del parque, contaron las migajas de las galletas que se habían comido (había cuarenta y siete). Estaban contentísimos por estar juntos de nuevo, pero al pensar que tenían que volverse a sus casas cuando se pusiera el sol se entristecieron, empezaron a llorar y llorar, hasta que sus lágrimas formaron un lago, en el cual se cayeron…
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