Warhammer Chaosbane

7 Nota General
Audiovisual: 7/10
Jugabilidad: 7/10
Diversión: 7/10

El universo Warhammer demuestra adaptarse a cualquier género | La jugabilidad al estilo Diablo, pura adicción | El progreso de mejorar nuestro personaje, endgame y multijugador

El apartado audiovisual, se queda desfasado y podría dar más de sí | Las misiones y escenarios se repiten constantemente

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Título: Warhammer: Chaosbane

Desarrolladora(s): Eko Software

Editor(es): Bigben Interactive

Plataforma(s): Xbox One (versión analizada Xbox One X), PlayStation 4 y PC

Género(s): Acción, Aventura y Rol

Lanzamiento: 4 de Junio de 2019

Idioma: Textos: Español, Voces: Inglés

La marca británica Games Workshop sigue apostando por el mercado de los videojuegos siempre que se le presenta una oportunidad, no en vano, es una de las compañías más potentes del juego de rol de mesa y que cuenta con una enorme comunidad de fans alrededor del mundo. Desde que se fundó en 1975 ha habido una franquicia que ha destacado especialmente en los juegos de rol de mesa con miniaturas y el modelismo, se trata de Warhammer, una IP que a su vez se ha dividido en dos subsagas muy diferentes entre sí: Warhammer Fantasy y Warhammer 40.000. Estos nombres os sonarán sí o sí a poco que conozcáis el mundo de los videojuegos o del «frikerío» en general, no hablemos si encima sois jugadores de rol más tradicional, pero es que incluso en la industria que nos ocupa las licencias de Games Workshop han contado con títulos de renombre como Total War: Warhammer o Warhammer 40K: Dawn of War en el género de la estrategia y Warhammer: Vermintide para aquellos que busquen experiencias de acción en primera persona con cooperativo más próximas a un Left 4 Dead. No solo hablamos de títulos abanderados por la crítica, sino que cuentan también con una muy destacable comunidad de usuarios y varios millones de copias vendidas.

Dado que ambas subsagas comparten similitudes e incluso ejércitos, a pesar de la gran diferencia de ambientación entre una y la otra, hoy para hablar de Warhammer Chaosbane vamos a centrarnos en la rama de fantasía y no en la futurista. La saga Warhammer Fantasy ha tenido apuestas muy diversas, desde el trabajo realizado por Creative Assembly con el susodicho Total War hasta el Blood Bowl de Cyanide, por lo que Games Workshop no ha dejado de apostar por estudios de renombre a los que licenciarle su franquicia y al mismo tiempo apostar por géneros muy diversos entre sí con el objetivo de captar a todo tipo de jugadores. Es en este punto cuando aparece el título en cuestión, Warhammer Chaosbane, desarrollado por Eko Software (How to Survive) en colaboración con BigBen Interactive, unos estudios modestos que vieron la oportunidad de trasladar el mundo medievo-fantástico de Warhammer a un videojuego de acción y rol que no oculta en ningún momento sus influencias.

En los primeros compases de Warhammer Chaosbane se pone en contexto al jugador, a modo de resumen, de lo que es el Warhammer Fantasy, parte de su trasfondo, mundo y personajes que habitan en el mundo de Games Workshop. Esta aventura nos cuenta el auge de las hordas del Caos, un imperio que se ve al borde de la guerra civil con la reagrupación de las tribus por parte de Asavar Kul para hacerse con el control de Sigmar. En este punto, Magnus acaba con Asavar Kul y se convierte en el nuevo emperador, poniendo fin a la guerra pero dando lugar a un periodo de oscuridad sin fin donde las tropas del Caos al mando de Magnus gobiernan el mundo. Tras esta introducción, entramos nosotros en el tablero al escoger a uno de entre cuatro héroes que deben restaurar el orden y la paz: Konrad Vollen (guerrero humano), Elontir (alto elfo mago), Elessa (elfa del bosque exploradora) y Bragui Muerdehachas (enano guerrero/tanque cuerpo a cuerpo). Como podéis comprobar, no se sale del guión en lo que vienen a ser las clases habituales a escoger en todo videojuego de rol isométrico con tintes de slasher.

“Hace mucho tiempo, un hombre como yo acabó con un monstruo como tú”.

Porque sí, Warhammer Chaosbane bebe mucho, muchísimo de la franquicia Diablo de Blizzard y eso es algo que notamos desde el primer momento que cogemos el mando. La disposición de botones es muy similar a lo visto en Diablo III para videoconsolas, no hay duda de que los padres de Warcraft dieron en el clavo a la hora de trasladar el teclado y ratón al mando con dicha entrega. Desde entonces, no solo hemos tenido todavía más videojuegos habituales de PC en consolas, sino que el control funciona con solvencia en todos aquellos que se inspiren en él, y el caso de Warhammer Chaosbane no es diferente. El joystick izquierdo lo usaremos para movernos por el escenario mientras que el derecho sirve para hacer nuestro ataque direccional al más puro estilo Gauntlet; además, cada botón sirve para realizar un determinado ataque, habilidad o usar la poción para curarnos (LB-L1). Las habilidades se pueden situar en los distintos botones del mando que más nos convenga, y es que si bien al principio nos sobrarán botones para tan pocas habilidades, a medida que la aventura avanza tendremos que escoger sí o sí cuales queremos tener a mano y cuáles no en un sistema de puntos que pretende limitar al jugador y fomentar su estrategia. Puede que nada de esto os pueda parecer innovador, pero es innegable que Warhammer Chaosbane tiene un control muy solvente, intuitivo, sencillo y que consigue enganchar como cualquier otro proyecto de estas características.

Lo más básico de su jugabilidad funciona, en Eko Software se han encargado de hacer que cada personaje sea diferente entre sí en lo que a habilidades se refiere y también distanciar a unos jugadores de los otros mediante las respectivas builds que busquemos crearnos. La idea de Warhammer siempre ha sido que cada unidad importe, que sean héroes en el campo de batalla, y eso mismo se ha transmitido en Chaosbane; somos auténticas máquinas de matar, con decenas de enemigos en pantalla de distintos tamaños y formas y nuestro personaje irá subiendo de nivel y evolucionando. Nuevamente como ocurría en Diablo III, aquí tampoco contamos con atributos para mejorar, sino que al subir de nivel se mejoran todas las estadísticas y todo gira en torno a las habilidades que se desbloquean poco a poco. A cada nivel subido se nos otorgará un punto de habilidad que se irá sumando al total que luego se reparte en función de las habilidades (activas y pasivas) que tengamos en funcionamiento o no. Es decir, si tenemos treinta puntos de habilidad y activamos 4 habilidades que requiera cada uno 5 puntos no podremos ponernos más, por supuesto, dentro de una misma habilidad cada una cuenta con hasta tres mejoras, y a mejor habilidad más puntos requerirá y por lo tanto más selectivos tendremos que ser entre tener unas activadas o las otras. Esta gestión, junto con el maná o la ira en función del héroe escogido, son elementos que iremos dominando poco a poco y que el juego se encargará de ponernos a prueba de principio a fin.

La forma en la que el videojuego nos pone a prueba es una de sus grandes lacras, y es que, si bien el diseño de enemigos no es malo, el planteamiento de la misiones está lejos de cualquiera de las entregas de Diablo. En la inmensa mayoría de ocasiones el videojuego apostará simplemente por lanzarnos enemigos a cascoporro o plantarnos sus cuatro jefes finales repartidos en cuatro capítulos que a veces suponen agotadores aprenderse el patrón y atacarles en sus momentos de vulnerabilidad. Los escenarios tampoco ayudan mucho, visualmente resultan variados, pero enseguida descubres que son excesivamente pasilleros y apenas hay exploración o recovecos en los que perdernos; es muy lineal y a medida que avanzamos en la trama nos daremos cuenta de que estamos pasando por las mismas zonas una y otra vez, con nula variedad de situaciones, farmeo limitado ni tampoco retos destacables más allá de completar el hilo argumental. El problema no está en su simpleza del argumento, que nos llevará por diversas zonas entre las que podemos viajar mediante un teletransporte, sino en que su estructura se queda anticuada y lo deja de manifiesto el esquema de diseño de misiones y niveles de Warhammer Chaosbane. Por no mencionar que tenemos una base principal que solo sirve para donar nuestros items no deseados y obtener bonificaciones o equiparnos los objetos con mayor tranquilidad, en estas grandes ciudades podemos conversar, pero no os vamos a engañar, no hay personajes memorables ni tampoco opciones o decisiones para movernos por ella, se usa como punto de encuentro para lanzar las misiones principales y poco más.

Esta lacra de Warhammer Chaosbane al descubrir que no hay apenas forma de salirse del guion de la campaña en las menos de diez horas que dura le afecta negativamente al título, aunque es cierto que la dificultad está bastante ajustada, con un in crescendo evidente que hace que cada vez será más complicado resistir contra los enemigos. El looteo está muy presente durante todo el juego, estaremos constantemente consiguiendo objetos y equipando o desequipando según nos interese, pero un elemento clave es el oro y los fragmentos, estos dos últimos son clave para revivir a nuestro personaje en el campo de batalla; puesto que, si nos quedamos sin ambas cosas, no podremos revivir y habrá que empezar la misión desde el principio con todo el tedio que ello conlleva. Dado que el juego tiene una duración correcta, afortunadamente, Warhammer Chaosbane cuenta con un endgame que amplía la rejugabilidad y las horas que le dedicaremos a acabar con todas las bestias de Sigmar. Cuando hayamos completado la aventura se nos abrirán las opciones “Expedición” y “Boss Rush”, que consisten en repetir las misiones al azar y combatir contra jefes finales con el objetivo de conseguir nuevo equipamiento, y también el modo “Caza de Reliquias”, que nos llevará a una serie de raids específicas cargadas de un botín heroico. Los planes del estudio de expandir el título están en marcha, con actualizaciones gratuitas que incorporan nuevos modos de dificultad, nuevos objetos o aumento del nivel máximo y por el otro lado el contenido post lanzamiento de pago (forma parte del “Pase de temporada” o de la “Magnus Edition”), incorporará una historia completamente nueva, habilidades únicas y nuevos personajes. Se agradece que con menos recursos estén intentando dar y alargar la vida de Warhammer Chaosbane en los próximos meses, y sí, todo el videojuego al igual que la campaña principal se puede jugar en cooperativo en línea o local con un máximo de cuatro jugadores.

La parte audiovisual de Warhammer Chaosbane es uno de los apartados más irregulares del título en cuestión, se trata en ese sentido, de un videojuego que se aleja un poco de los estándares de calidad actuales. Los recursos de Eko Software no son los mismos que una Blizzard, sino que en ese sentido recuerda más a producciones menores como Victor Vran, que resultan solventes, pero se quedan bastante lejos de lo que los hardware en pleno 2019 son capaces de ofrecer. La versión jugada para este análisis corresponde a Xbox One X, y la consola de Microsoft consigue defenderse bien con Warhammer Chaosbane en los que se refiere a estabilidad, número de enemigos en pantalla y en general la escala de las batallas con todo el despliegue de efectos o partículas que se desencadena fruto de nuestras habilidades. Si bien el framerate no se resiente a lo largo de la aventura, lo cual tiene todo el sentido al tratarse del género que se trata, el resto deja muy frío: nivel de detalle, resolución, modelados o antialiasing que ensucian de forma notoria nuestras impresiones cuando nos quedamos quietos para contemplar como luce. Resulta sorprendente que la desarrolladora francesa no haya aprovechado el hardware de las máquinas superiores, véase PlayStation 4 Pro o Xbox One X, para ofrecer un mejor acabado visual general que sí está disponible en la versión de teclado y ratón, ya que los propietarios de estas plataformas hemos tenido que quedarnos con exactamente la misma versión de las consolas base, una lástima. Por último, está la banda sonora y el apartado sonoro, cumplidores y de buen nivel, desde los impactos hasta los gritos de los enemigos y una música que estará presente en toda la aventura e irá adquiriendo un papel más relevante según las circunstancias; con tambores, violines y todo tipo de instrumentos que darán vida al entorno medieval-fantástico de Warhammer.

“Sírveme en muerte, o con tu muerte”.

En resumen, Warhammer Chaosbane se queda en una apuesta notable y una nueva aproximación a la franquicia de Games Workshop bajo otro género que seguramente los fans de títulos como Diablo o Torchlight, tan sedientos como de costumbre de este tipo de propuestas se encuentren con un videojuego de rol más solvente de lo que cabría esperar en un primer momento. La forma en la que trata la fantasía medieval de Warhammer y la adapta a este esquema jugable se puede volver una adicción para aquellos que disfrutan mejorando su personaje, progresando en el endgame y atreviéndose al multijugador. En ese sentido, si eres uno de ellos, debes saber que ofrece horas de juego por delante gracias al contenido de serie y todo el que está por venir con el soporte que Eko Software planea irle otorgando próximamente.

Los contrapuntos más negativos residen en el acabado visual, desfasado a todas luces, que no aprovecha casi ningún hardware en el que se ha puesto a la venta para entrarnos por los ojos. Pero lo peor es que a muchos jugadores Warhammer Chaosbane se les hará cuesta arriba, dado su planteamiento y diseño de misiones y escenarios, arcaico al máximo y obsoleto desde hace prácticamente dos décadas, el juego se vuelve tremendamente repetitivo a la larga y está demasiado encorsetado, con poca libertad para el jugador a la hora de avanzar. Esperemos que de cara a una secuela se pongan manos a la obra y mejoren estos apartados porque la base es bastante buena. Porque la realidad es que, de momento y a día de hoy, Blizzard sigue demostrando que “sabe más el Diablo por viejo que por Diablo”.

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Autor: Eplekfo Ver todos los post de
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