RAD

7.6 Nota General
Audiovisual: 7/10
Jugabilidad: 8/10
Diversión: 8/10

Presencia estética y humor de Double Fine | La base jugable: un buen y adictivo roguelike | Las mutaciones, un original acierto

Gráficamente cumple muy justo | Le falta profundidad y variedad | Recomendado solo para fans del género

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Título: RAD

Desarrolladora(s): Double Fine

Editor(es): Bandai Namco

Plataforma(s): Xbox One (versión analizada Xbox One X), PS4, Switch y PC

Género(s): Acción y Aventura

Lanzamiento: 20 de Agosto de 2019

Idioma: Textos: Español, Voces: Inglés

Double Fine es una máquina de hacer videojuegos, el estudio del genio creativo Tim Schafer (Grim Fandango, The Secret of Monkey Island…), sigue demostrando que es una de las desarrolladoras más relevantes en el mercado independiente. La compañía que debutó con Psychonauts allá por el 2005 se ha convertido en un buque insignia de los estudios pequeños a la hora de producir nuevos títulos, ya sea incluso en labores de editora como con desarrollos propios, un mercado al que han tenido que arrimarse tras el escaso éxito comercial del fantástico Brütal Legend. El videojuego protagonizado por Jack Black obligó al equipo de Tim Schafer a adentrarse en un mercado alejado de los AAA, con menor inversión y al mismo tiempo donde podrían tomar los riesgos que tanto le gusta tomar a este estudio sin preocuparse tanto por los beneficios.

En los últimos años hemos visto como Double Fine ha lanzado propuestas fantásticas y muy diferentes entre sí como Costume Quest, Stacking, Iron Brigade, The Cave, Broken Age o Massive Chalice e incluso no han perdido ocasión de remasterizar algunas de las aventuras gráficas de Lucas Arts más grandes de todos los tiempos en las que Tim Schafer estuvo involucrado como The Day of the Tentacle, Full Throttle y Grim Fandango. Lo que deja de manifiesto que este estudio norteamericano de 65 empleados, ahora propiedad de Xbox Game Studios, tiene talento de sobra no solo para abordar todo tipo de géneros que se les ponga por delante (aventura gráfica, estrategia, rpg…); sino también de hacer videojuegos con una personalidad única a la par que marcada, siendo el humor un santo y seña de Tim Schafer que le hace inconfundible en todas sus obras. Desde que nos enteramos de la adquisición de Double Fine por parte de Microsoft en este E3 2019 sabemos varios en los proyectos que está inmiscuido el estudio, entre ellos el muy esperado Psychonauts 2, pero antes ya tenían en producción otros títulos más pequeños con otras editoras como es el caso que nos ocupa en este texto: RAD.

¿Pero qué es RAD? Se trata de un videojuego de acción isométrico roguelike con tintes de rol ambientado en un mundo post-apocaliptico. Esta es la definición corta y al mismo tiempo más precisa que uno puede hacer de RAD. De la mano de Bandai Namco nos llega esta aproximación de Double Fine a un género tan complicado y con tan buena competencia como es el roguelike, hablamos de un tipo de videojuego que pretende ser un comehoras y poner a prueba las habilidades del jugador, por lo que si bien su concepto puede estar muy visto en los tiempos que corren… su director creativo Lee Petty no ha perdido ocasión de darle el toque Double Fine al videjuego. La premisa post-apocaliptica de RAD se aleja mucho de lo que podemos pensar del fin del mundo, hay un montón de humor y todo el mundo parece estar pasándoselo bomba, y es que en ese sentido puede recordar un poco a Sunset Overdrive por su planteamiento caótico, colorido y gamberro que atesora en cada esquina. Si bien el videojuego de Insomniac Games tenía lugar en medio del apocalipsis, RAD nos traslada a los momentos posteriores, con una sociedad reconstruida en base a las mutaciones que han asolado el mundo y donde sobrevivir es clave para unos personajes que prefieren disfrutar machacando enemigos en lugar de conversar filosóficamente al lado de una hoguera. El videojuego se asegura de que el jugador no reciba la desolación y tristeza propias de un mundo de esas características, sino que como es habitual en Double Fine, lo usan como una sátira plagada de colores vivos con un montón de referencias e inspiraciones de los ochenta que seguramente sea captada por algún que otro nostálgico.

“Cuando llegó el segundo apocalipsis nos preguntamos… ¿En serio?”

Los primeros minutos con RAD son una clara muestra de lo que nos vamos a encontrar durante todo el videojuego. Estos restos de humanidad que quedan en el mundo creado por Double Fine, que se ha visto devastado por ni más ni menos que dos apocalipsis. Son liderados por “El Anciano”, una misteriosa figura que nos guiará a la hora de explorar los entornos post-apocalipticos. Nosotros escogeremos la apariencia y el rol de uno de los voluntarios para salvar el día, al cual dicho líder se encargará de dotar de habilidades sobrenaturales, pero es gracias a esto que tendremos la posibilidad de sobrevivir en este universo de CDs, casetes y dibujos animados de hace casi cuatro décadas. En cuanto RAD empieza y nos ponemos a los mandos vemos lo dicho, un roguelike isométrico con mazmorras, se trata de un género que tiene a The Binding of Isaac como uno de sus máximos exponentes y a Dead Cells como una de las apuestas más sólidas de los últimos años. La clave de RAD como la de todo roguelike no se basa en terminar el videojuego sin más, sino en ver hasta donde somos capaces de llegar sin morir, porque tarde o temprano moriremos, pero será en nuestro pequeño o largo avance donde iremos acumulando experiencia, obteniendo objetos y desbloqueando mejoras para el personaje que a la larga nos irán poniendo las cosas más fáciles. Como es lógico Double Fine ha adaptado muy bien RAD al mando de la consola, por lo que siendo con una perspectiva más habitual de teclado y ratón, se juega estupendamente debido a su sencilla y directa distribución de botones para saltar, golpear, esquivar, activar habilidad y usar objeto.

La base jugable de RAD se sostiene en gran medida en el ensayo y error, por lo que como es lógico, tendrá que tener un diseño de niveles atractivo para enganchar todo lo posible al jugador. Dicho lo cual, los niveles al igual que en la mayoría de roguelike, son procedurales, ya que así no tendremos la posibilidad de memorizarlos, sino que no va a quedar otra que repetir e ir mejorando nosotros mismos a base de insistir. Entre aventura y aventura podemos volver a la aldea donde interactuar con el resto de personajes, guardar dinero conseguido, comprar objetos o cambiar de armas; a la larga nos daremos cuenta de que esta zona va a ser nuestro mejor amigo, ya que en RAD cada vez que morimos, se pierde absolutamente todo lo que llevas encima. Al mismo tiempo, en Double Fine saben lo que hacen, y al igual que cada nivel del videojuego está compuesto de un mapa de tamaño normalucho con interruptores para activar y desbloquear la batalla con el jefe final, también hay cofres con llaves ocultas, misiones secundarias y tiendas en las que poder gastar nuestras pertenencias para hacernos con cosas exclusivas. De esta forma se crea un dilema al jugador: ¿salir con todo el dinero con el peligro que conlleva para obtener mejores recompensas sin pensarlo demasiado o ir guardándolo todo con avaricia para ir progresando poco a poco?

Llegados a este punto os preguntaréis que le hace diferente a RAD del resto de roguelike más allá de los toques Double Fine, pues hay un elemento jugable llamado las mutaciones, que marca el punto de distinción entre este y el resto. La radiación afecta a nuestro personaje y terminará mutándonos, por lo que una vez llenemos una barra a base de matar enemigos, podremos tener desde alas, hasta un brazo hipertrofiado boomerang (se lanza a distancia) o una cabeza gigante (parar el tiempo). Existe mucha variedad de mutaciones de ataque que se complementan con unos cuantos tipos de enemigos y jefes finales a cada cual más locamente diseñado, por lo que estos poderes tan originales van a ser un punto clave a la hora de determinar cuánto aguantaremos sin comer el suelo y volver a empezar. Sin embargo, esto no es todo, también hay mutaciones pasivas que se encuentran escondidas por los escenarios o nos las otorgarán los enemigos más duros y las mutaciones negativas, que como es lógico supondrán un reto añadido al cambiarnos la paleta de colores o añadirnos un filtro totalmente incómodo para el jugador. Las mutaciones se sienten estupendas, es una idea genial y le dan un toque fresco, en total hay más de 50 activas y unas 36 pasivas, por lo que son un buen puñado de ellas para experimentar y tendremos que echarle un buen puñado de horas para descubrirlas por nosotros mismos; haciendo que en nuestras primeras horas de juego no solo queramos mejorar el personaje, sino ver hasta dónde ha llegado la creatividad de Double Fine con ese asunto.

El gran problema radica en aquellos jugadores no habituados o poco expertos en el género del roguelike y al mismo tiempo en los más expertos, que pueden encontrar en este título una propuesta menos solvente o más “justita” en términos generales, y es que si bien el estudio de Tim Schafer se ha esforzado por hacerlo propio su competencia es muy dura. La repetición constante de escenarios y una sensación de progreso confuso para nuevos usuarios puede hacer que lo abandonen a la primera de cambio, por lo que ni siquiera el toque Double Fine será capaz de mantenerlos enganchados, haciendo que las partidas sean muy similares entre una y otra. Los ocho personajes son todos iguales, cuyo único cambio es solamente estético, por lo que haber hecho más énfasis en este apartado junto con un modo cooperativo habrían sido decisiones que llevarían a RAD un peldaño más allá de lo simple o limitado que resulta frente a un Dead Cells, un Nuclear Throne o un Enter the Gungeon. A pesar de que la duración del modo campaña divido en seis niveles está situado en las ocho horas, que variarán muchísimo en función de nuestra habilidad, si buscamos hacernos con el 100% nos tocará meternos en una vorágine extensa de grindeo aleatorio y por momentos frustrante, con una rejugabilidad que dependerá de los desafíos diarios, de superar puntuaciones o de si queremos aumentar el reto añadiendo y/o quitando las manías.

Pasando al plano audiovisual, no cabe duda de que RAD destaca especialmente por su apartado artístico por encima de todo lo demás. La estética cartoon 3D es capaz de formar en pantalla una mezcla entre colores saturados y por momentos minimalista que eleva todavía más esa sensación de, desenfadada, presente en su ambientación. Por lo que RAD trata de aproximarse más a cosas como Far Cry Blood Dragon en ese sentido retro-futurista que al típico mundo post apocalíptico que se nos viene a la mente, con un filtro CRT que podemos activar en el menú de opciones, y que es la guinda del pastel para aquellos seguidores de chavalines abriendo cráneos mutados en los años ochenta. De todas formas, no es justo basarnos únicamente en lo bueno, ya que junto a unos tiempos de carga incrompensiblemente largos, el nivel de acabado visual como tal de RAD, incluso con todas las posibilidades de Xbox One X, dista mucho de ser un referente que hemos visto en Double Fine con Psychonauts, Brütal Legend o incluso Iron Brigade; quedándose respecto a sus anteriores proyectos muy lejos de lo que nos podríamos esperar en modelados, animaciones e incluso nivel de detalle de los escenarios. Para terminar, nos encontramos con un título traducido al castellano donde el sonido (voces en inglés) cumple con creces y viene acompañado de una banda sonora estupenda, capaz de sumergirnos desde el primer momento que nos paseamos por el menú principal de RAD hasta las situaciones de combate frenético gracias al uso de sintetizadores o guitarras eléctricas.

“Pulsa cualquier botón”

Concluyendo con RAD hay que apuntar varios aspectos, en primer lugar, que nos encontramos ante el debut de Double Fine en un género cada vez más popular y en auge con una competencia de alta calidad, y por la otra, que el estudio sigue dejando impregnada su marca de diversión y originalidad allá donde vaya. Los videojuegos del estudio de Tim Schafer dejan huella, sea con su sentido del humor o con unas mutaciones que ponen a prueba los límites creativos de la desarrolladora de Xbox Game Studios, no hay duda de que RAD es otro título que refuerza y justifica la existencia de una visión que te haga propio en esta industria.

El apartado jugable de RAD cumple con creces lo que propone, con sus aciertos y sus tropiezos, como punto de partida de un género que nunca se habían atrevido a pisar es muy solvente y a buen seguro, cualquier fan de los roguelike adictivos con una estética gamberramente ochentera le dará una oportunidad. Cabe mencionar que estamos ante un producto menor en cuanto a producción audiovisual, tal y como nos ha acostumbrado Double Fine en sus últimos años, por lo que se nota en un apartado gráfico que cumple por su parte estética más que por todo lo demás. En cualquier caso y a pesar de no reinventar la rueda, cabe añadir que hablar de RAD es referirse a un título destinado a un público muy concreto y que, de poseer la profundidad adecuada, conseguiría captar a un mayor espectro de público, pero que si sois de esos que buscan horas de vicio a mansalva y ponerse a prueba en un mundo post-post-apocalipsis de lo más caótico estáis muy de enhorabuena.

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Autor: Eplekfo Ver todos los post de
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